Hoy presentamos: “La matanza de Texas” (“The Texas chainsaw massacre”, Tobe Hooper, 1974).
Seguimos esta serie recién empezada de posts dedicados al cine que sucede en el campo, en pueblos y que cuenta con Lo Rural como una de sus grandes bazas. Y ya llegaremos a terrenos idÃlicos, a pueblecitos de la España de pandereta y sus fiestas patronales, o a paseos de la mano por la pradera. Pero de momento, en esta segunda entrega seguimos instalados en el mal rollo más furibundo, y en la America Profunda de cine, esa fuente inagotable de clichés paletos, esa cuna del terror primordial.
Tobe Hooper fue considerado, al menos durante quince minutos, como el sucesor de Spielberg, el Rey Dimas de Hollywood. Y todo se lo debe a una obra maestra del desasosiego como ésta, una pelÃcula seminal, la definición misma de la claustrofobia y la huida frustrada y la desesperación, en un entorno rural y abierto. Después rodó “Poltergeist”, otro clásico instantáneo, otra maravilla como la copa de un pino, pero las malas lenguas dijeron que el propio Spielberg terminó la pelÃcula en su lugar, de forma anónima. A continuación, y salvo honrosas excepciones, se dedicó a los telefilmes y a fétidas segundas y terceras partes de sus dos obras cumbre.
A pesar de ello, el talento de Tobe Hooper, efÃmero o no, dio para rodar esta obra maestra del terror, cuyo argumento se puede despachar sin temor a desentrañar nada, porque todo es tal y como uno se imagina: un grupo de chavales hiper-hormonados se van en una furgoneta a pasar un fin de semana al campo, pero se pierden y dan con sus huesos en los dominios de Caracuero y su familia, icónicos rednecks sociópatas, enloquecidos por el desarraigo y la soledad. Y se pasan casi toda la pelÃcula huyendo los primeros de los segundos. Con sus dosis justitas de sangre y vÃsceras, y sobre todo mucho amor al medio, un tono de western genial y una capacidad de provocar el susto y el mal rollo como pocas veces se ha visto después.
“La matanza de Texas” es otro icono del cine rural, que no podÃamos dejar pasar.