Cine rural (1)

Quiero empezar una nueva serie en este blog, para hablar de películas que tengan, como común denominador, Lo Rural. Historias en las que un pueblecito, una pequeña villa o un entorno campestre sean protagonistas, o bien sean un elemento indisoluble, sin el cual la película no tendría sentido. Iremos viendo películas de todo tipo y condición, y se aceptan propuestas. Puede resultar interesante.

Para empezar, en el primer ordinal de esta serie, voy a presentar la extraordinaria película “Gummo” (Harmony Korine, 1997), un drama de culto enfermo, dislocado, visceral, de visionado muy difícil y desagradecido, sobre la vida adolescente en un pueblo recóndito de la América Profunda. Niños armados cuya única diversión es cazar gatos, esnifar pegamento y fornicar con discapacitadas.

La vida en los pueblecitos de la roadside America siempre la hemos imaginado así de terrible, como nos cuentan en esta película (y en otras que vendrán más adelante, en esta misma serie). O como lo que rodea a Cletus, el redneck (paleto agrario) secundario de los Simpsons. O como un inmenso, despoblado y post-apocalíptico Puertohurraco atravesado por una autopista infinita, flanqueada de carteles luminosos, muffler men y bares de carretera donde dispensan costillares bañados en barbacoa para sus orondos y casuales visitantes. Uno se imagina a la totalidad de su población como asesinos en serie en potencia, coleccionistas de fusiles, defensores de la raza aria y votantes de la derecha más conservadora. Por la característica demográfica de tan gigantesca extensión de terreno entre una costa y la otra, se presupone que los habitantes de esos desérticos parajes tienen grandes casas, potentes coches y más dinero del que pueden gastar; sus necesidades cubiertas y casi ningún sitio donde gastarse los cuartos en kilómetros a la redonda. Así, imaginamos que estos pueblerinos se pasan borrachos todo el tiempo que no están en la gasolinera o jugándose la vida en la refinería del condado.

Son muchas las películas y series que, desde la ficción, nos cuentan historias idícilas que tienen lugar en esos pueblos remotos, perdidos de la mano de la Ruta 66. Pero pocas tan hiperrealistas y crudas como “Gummo”. El visionado de esta película no deja indiferente a nadie. Rezuma una absoluta tristeza y desolación que se contagia y se te mete por dentro del tuétano de los huesos, y es difícil de olvidar. La casi inexistente trama (la película tiene casi estructura documental, y mezcla las escenas actorales con civiles llevados al límite en situaciones de lo más desagradable) nos muestra la vida cotidiana de los hijos del desarraigo y su deambular por las mismas calles todos los días, jugando con los tabúes sociales que escandalizarían en la urbe, desde el anonimato de su páramo rural. Y todo acompañado de la música más estridente, del free-metal al hardcore más estridente y machacón. Por más veces que la he visto, no deja de parecerme un drama social pavoroso, peligroso y contagiado, y una visión muy particular y que alivia contemplar, de la vida en lo que podría ser cualquier pueblecito de esos Estados Unidos tan grandes, misteriosos, exóticos, desconocidos, raros.

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