Fábula del campesino y el ejecutivo
Cuentan que un alto cargo de una multinacional, harto y estresado con tantos viajes, reuniones, comités ejecutivos, objetivos, actos sociales y compromisos, decidió, de la noche a la mañana, marcharse a vivir al campo.
Se instaló en una pequeña aldea y lo primero que hizo fue pedirle trabajo a un campesino.
Su primera tarea consistió en abonar con estiercol todo un campo. El campesino pensó que le habÃa ordenado un trabajo demasiado duro que le llevarÃa, al menos, todo el dÃa. Pero al cabo de unas pocas horas el ejecutivo habÃa terminado su labor asà que el campesino le mandó ahora decapitar a mil pollos que habÃa vendido para el mercado de la ciudad. El ejecutivo tardó todavÃa menos tiempo en este cometido y el campesino pensó en el esfuerzo enorme que suponÃa para un hombre desacostumbrado por lo que decidió darle alguna tarea más relajada.
Le enseñó la cosecha de manzanas y le entregó tres cestos para que clasificara los frutos en función de su tamaño. El Ejecutivo cogió una manzana, y decidió que era pequeña. La siguiente manzana le pareció más pequeña que la anterior, por lo que cogió la manzana que habÃa puesto como pequeña y la movió al capazo de manzanas medianas y puso la nueva en el de pequeñas. Cogió otra manzana, y observó que tenÃa un tamaño medio entre las dos anteriores, y volvió a realizar el cambio…
Al cabo de un dÃa con su noche el ejecutivo no habÃa finalizado por lo que el campesino le inquirió:
- Pero qué le pasa, por qué no ha terminado algo tan fácil.
A lo que el ejecutivo le respondión:
- Es que una cosa es esparcir mierda y cortar cabezas a mansalva y otra tomar decisiones…